Crónica de la Nueva España: Tomo II: 102 (Historia)

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Crónica de la Nueva España: Tomo II: 102 (Historia)

Author(s): Francisco Cervantes de Salazar (Author)

  • Publisher: Linkgua Ediciones
  • Publication Date: 1 Jan. 2025
  • Edition: 1st
  • Language: Spanish
  • Print length: 460 pages
  • ISBN-10: 9788498168853
  • ISBN-13: 8498168856

Book Description

Francisco Cervantes de Salazar escribió la Crónica de la Nueva España alrededor de 1560, por encargo del rey Felipe II. Apareció en forma de libro impreso en la tardía fecha de 1914. Esta obra destaca por sus datos sobre las culturas indígenas autóctonas, de gran valor antropológico, y por la visión que ofrece sobre la conquista y la gesta de Hernán Cortés. Además de su cercanía con la cultura mexicana, Cervantes de Salazar tuvo como referencias para este libro las Cartas de relación, del propio Cortés, y la Historia general de las Indias y conquista de México, de Francisco López de Gómara. Linkgua ediciones ha editado la obra de Cervantes de Salazar en dos volúmenes. El primer volumen comprende del libro I al libro III. En este segundo volumen el lector encontrará los libros IV al VI. El libro cuarto -es el más extenso de todos- se compone de 134 capítulos que aparecen sin numerar. La descripción detallada que hace de la ciudad de México es un testimonio inapreciable de la urbe colonial. El libro V consta de 197 capítulos, de los que solo están numerados los 66 primeros. Finalmente, el Libro VI está incompleto. Se compone de 33 capítulos, si bien del último solo aparece el título.

Editorial Reviews

About the Author

Francisco Cervantes de Salazar (Toledo, 1514?-Mexico, 1575). Espana. Estudio en Salamanca y fue profesor en la Universidad de Osuna (1546). Paso a Mexico en 1551. Murio siendo canonigo de la catedral de Mexico. Sus Obras se publicaron en Alcala en 1546, con una dedicatoria a Hernan Cortes. En ellas se encuentran la continuacion del Dialogo de la dignidad del hombre de Fernan Perez de Oliva, el Labricio Portundo (Apologo de la ociosidad y el trabajo) de Luis Mexia glosado y moralizado y la Introduccion y camino para la sabiduria de Juan Luis Vives ampliada y comentada. Escribio igualmente el Tumulo imperial de la gran ciudad de Mexico, en que se refieren las ceremonias en memoria de Carlos V. Se le atribuye tambien la autoria del Lazarillo de Tormes.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

Crónica de la Nueva España II

By Francisco Cervantes de Salazar

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9816-885-3

Contents

CRÉDITOS, 4,
PRESENTACIÓN, 25,
LIBRO IV. CONTINUACIÓN, 27,
LIBRO V, 127,
LIBRO VI, 398,
LIBROS A LA CARTA, 455,


CHAPTER 1

LIBRO IV. CONTINUACIÓN

Capítulo LXXIII. Cómo Sandoval vino a Tapaniquita, don de Cortés estaba, y de cómo vinieron los cempoaleses a quejarse de Narváez, y lo que sobre ello pasó

En el entretanto que estas cosas pasaban, el campo de Cortés, marchando poco a poco, vino a Cotastla, donde estuvo tres días padeciendo gran necesidad de comida, porque sin los indios de servicio y otros muchos que acompañaban el campo, los españoles eran doscientos y más, y comieron solamente ciruelas, que a ser de otra nación, se corrompieran y murieran los más. De allí, nada hartos, partieron para Tapaniquita, donde hallaron algún refrigerio, porque hallaron un poco de maíz que comer. Detuviéronse allí cuatro días, así por esperar a Gonzalo de Sandoval, que andaba huyendo por la sierra arriba con la gente de la Villa que había quedado en la mar, como por rehacerse del trabajo y hambre que en el pueblo antes habían padecido. Al cabo de los cuatro días, a toda prisa, llegaron unos indios con cartas de Sandoval, las cuales contaban cómo había desamparado la Villa por no juntarse con Narváez, y las demás particularidades que cerca de ello acaecieron, y que aquella noche sería con su Merced. Estuvo Sandoval y los suyos casi un día en pasar el río. Holgóse mucho Cortés con las cartas, subió luego a caballo con otros algunos caballeros y salió a recibir a Sandoval, así porque lo merecía, como porque hacía mucho al caso su venida, para salir con la demanda que llevaba. Llegó bien tarde Sandoval, abrazólo Cortés, holgóse por extremo con él, que era valiente y de buen seso; fue hasta entrar en el pueblo, preguntándole muchas cosas, cenaron luego, aunque no, eran menester muchos cocineros para adereszar la cena, que era poca y ruin.

Otro día, a las ocho o las nueve de la mañana vinieron muchos indios con dos principales: el uno se decía Teuche, y el otro Arexco, los cuales, en nombre de los demás que con ellos venían, se quejaron a Cortés gravemente de Narváez y de los suyos, diciendo que era tabalilo, que quiere decir en su lengua «malo» porque no hacía justicia a ellos ni a los demás indios que de los suyos se quejaban, por las fuerzas y robos que les hacían, no dejándoles pato, gallina ni conejo que no se lo robasen, y que lo que más sentían era que les tomaban las hijas y mujeres, usando de ellas a su voluntad, haciéndolos trabajar por fuerza, y que a esta causa se habían ido muchos del pueblo, y que si él no lo remediaba, presto se irían todos los demás; que viese lo que más convenía, porque ellos no harían más de lo que él mandase, pues le tenían por señor y no conocían a otro que a él.

Cortés sintió mucho el mal tratamiento de los cempoaleses, aunque justificaba mucho su causa, condoliéndose de ellos, lo que ellos tuvieron en mucho; dioles las gracias; rogóles se volviesen a Cempoala y que comunicando el negocio con sus deudos y amigos, se saliesen del pueblo para cuando él llegase, porque había de echar fuego a las casas y a los españoles que en ellas estaban, por ser malos y de mal corazón y que no eran de su casta y generación, sino de otra que ellos llamaban vizcaínos.

Los indios, con esta repuesta, dándole muchas gracias y besándole las manos, se volvieron muy contentos, diciendo que saldrían del pueblo luego que supiesen su venida y que le ayudarían con todas sus fuerzas, viniendo a las manos con Narváez, a quien deseaban ver fuera de su tierra por los malos tratamientos que les hacía y había hecho.


Capítulo LXXIV. Cómo antes que esto pasase tornó Narváez a enviar otros mensajeros a Cortés a requerirle con las provisiones, y de lo que sobre ello pasó

Primero que esto sucediese, como Narváez vio la burla que Cortés había hecho de él en prenderle los primeros mensajeros, entró en consejo con la Justicia, regidores y Oficiales de Su Majestad y con algunos otros caballeros y personas principales, y con mucha indignación dijo cosas de Cortés que ni cabían en él ni, aunque cupieran, eran para caber en boca de persona tan principal; finalmente, después de haberle ido a la mano en esto, se determinó que fuesen tres personas hábiles y de confianza con unos treslados de las Provisiones reales a requerir a Cortés. Los que enviaron fueron Bernardino de Quesada, Andrés de Duero y, por escribano, Alonso de Mata, que es hoy regidor en la ciudad de Los Ángeles. Otros dicen que fueron Andrés de Duero y Juan Ruiz de Guevara, clérigo, con el mismo Alonso de Mata, los cuales toparon con Hernando Cortés cerca de un pueblo que se dice Chachula. Entonces Alonso de Mata, conforme a la instrucción que llevaba, comenzó a requerir a Cortés, el cual, llegándose a él, le prendió luego y le tomó los recaudos sin que pudiese leellos; y porque los otros, ora fuesen Juan Ruiz de Guevara y Andrés de Duero, ora Andrés de Duero y Bernardino de Quesada, porque eran muy sus amigos, aunque los detuvo consigo tres o cuatro días marchando, nunca les hizo mal tratamiento; antes Alonso de Mata, según la información que él me dio, presumió que había entre ellos trato doble contra Narváez. Pasados estos días los envió a todos y con ellos a dos personas muy principales de su real, que fueron Alonso de Ávila y Juan Velázquez de León, para requerir a Narváez que, pues no quería venir en ningún buen concierto y hacía mal tratamiento a los indios y alteraba la tierra, que so pena de la vida, con todos los suyos se saliese de ella, los cuales, como eran valerosos y sabían que tenían muchos de su parte en el real de los contrarios, hicieron el requerimiento a Narváez sin que osase ofenderlos en cosa.

En el entretanto que estas cosas pasaban, iban y venían espías, entrando en el real de Narváez algunos españoles, que ya eran lenguas, en hábitos de indios, tomando aviso de otros sus amigos de todo lo que en el real pasaba, que no poco daño hizo a Narváez, aunque mucho mayor se lo hizo su gran escasez y ruin condición, de la cual, por ser tan contrario, Cortés, no solamente sustentó los amigos, pero allegó y atrajo a sí a los enemigos, a los cuales se fue acercando poco a poco hasta llegar a Tapaniquita, adonde un Juan de León, clérigo, y Andrés de Duero, hablaron a Cortés no se sabe qué, más de que los despidió con buena gracia y muy contentos.

Prosiguiendo adelante el camino, salieron otros dos españoles del campo de Narváez, que también, según dice Mata, que se halló presente, pareció que trataban más el negocio de Cortés que el de Narváez, y como esto vio Mata, cuando se halló con Narváez, le dijo que mirase por sí y no se descuidase punto, porque algunos de los suyos le trataban traición, y que Cortés era muy sagaz y artero, afable y dadivoso, y que a esta causa sabía salir con negocios que otros no osaban intentar, y que no convenía se metiese, en casas y cues, sino que con su gente puesta en orden esperase a su enemigo en el campo, donde, pues tenía tanta más gente que él, podría ser señor y hacer lo que quisiese. No pareció bien a Narváez este aviso, porque pensaba que todo se lo sabía, y porque el que está acostumbrado a oír lisonjas, no le sabe bien la verdad, especialmente dicha por el inferior con alguna reprehensión.


Capítulo LXXV. Cómo, sabiendo Narváez que Cortés se acercaba, salió al campo y ordenó su gente, y de la plática que estando a caballo hizo a los suyos

Entendiendo Narváez que Cortés se venía acercando, y la determinación que traía, aunque le tenía en poco, por la pujanza de su ejército, salió al campo con toda la gente, y no para tomar el parecer de Mata y de otros, que deseaban la victoria, sino para tomar contento y presunción con la vista de los suyos; pues sabía que los más eran buenos caballeros y que Cortés, aunque los traía tales, entre todos no traía más de doscientos y cincuenta hombres. Ordenando, pues, su gente y haciendo alarde de ella, halló que traía novecientos y tantos hombres de guerra, de los cuales eran los ciento (según algunos dicen) de a caballo, y según otros, ochenta. Halló que traía muchos escopeteros, y ballesteros y algunos buenos tiros, y finalmente, todos muy bien aderezados, y a lo que parecía (aunque después se vio lo contrario) todos deseosos de venir a las manos con los enemigos; y cuando los tuvo puestos en concierto y orden de batalla, haciendo señal de que con atención le oyesen, desde el caballo les habló de esta manera:

Valientes caballeros, escogidos entre muchos para tan próspera jornada: Ya veis la sinrazón que Cortés tiene y usó con Diego Velázquez desde que salió del Puerto de Santiago de Cuba, alzándosele con todas las preeminencias que a él como a adelantado y gobernador pertenecían. Vosotros sois muchos más en número y no menos valientes en esfuerzo que nuestros contrarios; traemos muchos más caballos, más escopetas y más tiros, y no solamente somos más poderosos contra ellos, pero contra todos los indios que en su favor saliesen. Viendo yo esto, no he querido venir en ningún partido de los que Cortés me ha ofrecido, porque no es bien que el criado parta peras con su señor, y porque sería flaqueza y pusilanimidad que de lo que no es suyo nos diese parte, y que nosotros, viniendo a ser señores y a hacer justicia por los desaguisados que ha hecho, nos hagamos sus iguales, haciéndonos particioneros de sus delitos, pues los encubrimos; y porque sé que me podríades decir lo que muchas veces algunos de vosotros me habéis dicho que, en tierra tan grande, tan extraña y tan poblada, no conviene que vengamos en rompimiento con los de nuestra nación, porque vendremos a ser menos, y por consiguiente menos poderosos contra los indios: respondiéndoos a esto, digo que viniendo en concierto, adelante no han de faltar disensiones, porque el mandar no admite igual, y vosotros, porque venís, y ellos porque estaban, habéis de tener pendencias y contiendas, y así será peor la discordia y envidia interior, que el rompimiento de presente, cuanto más que ellos son tan pocos y tan mal proveídos de armas, que sin mucha sangre los podemos tomar a manos y hacer de ellos lo que quisiéremos. Quedará un caudillo y uno que os honre y favorezca y ellos no tomarán más de lo que vosotros les diéredes, reconociendo para siempre vuestro poder y autoridad.

No tengo más para qué esforzaros, pues cada uno de vosotros puede ser tan buen capitán como yo y animar a otros, y no es menester esfuerzo donde sobra la razón. La ventaja está conocida y la victoria delante de los ojos; si queréis, no hay quien nos ofenda, y tampoco creo que hay entre vosotros hombre de tan mal conocimiento ni tan desleal, que quiera más para Cortés que para sí. Y porque en esto estoy desengañado, concluyo con deciros que vuestro es este negocio más que mío. Dios nos favorezca y ayude, y con tanto nos volvamos a nuestros aposentos.


Capítulo LXXVI. Cómo Narváez se volvió a su alojamiento y de lo que de su plática sintieron y dijeron los suyos

Hecho este razonamiento, que era hacia la tarde, sin esperar más respuesta. Narváez mandó hacer señal de que todos se recogiesen a sus alojamientos, aunque algunos de los principales que a caballo estaban con Narváez le dijeron que, pues se acercaba Cortés, que era mejor esperarle en el campo que no en los aposentos. Narváez les respondió: «¡Anda, y hase de atrever Cortés a acometer en el campo ni en poblado, aunque ha hecho fieros!; él debe de venir como el que no puede más, a ofrecerse a lo que yo quisiere». Con esto, andando hacia los aposentos, la gente le siguió, la cual después que estuvo en los alojamientos, como suele acaecer donde hay muchos, tuvo diversos pareceres. Unos que deseaban lisonjear a Narváez, que eran de su parecer y condición, decían que había hablado muy bien y que tenía razón en todo lo que había dicho, porque todo pasaba al pie de la letra como él lo había tratado, y que con cuatro gatos, en el campo, ni en poblado, por muy atrevido que fuese Cortés, no osaría emprender negocio tan dificultoso. Otros que mejor entendían las cosas, contradiciendo a éstos, decían: «Mal entendéis los negocios y mal conocéis vosotros a Hernando Cortés; él y los suyos han trabajado y están hechos a los trabajos; han usado de todos buenos comedimientos, y para echarlos de su casa es menester mucho, y así, como aquellos que vienen a defenderla, pelearán como leones desatados, y suelen los pocos, ayudados de razón y justicia, las más veces vencer a los muchos que lo contradicen».

Hernando Cortés ha hecho lo que ningún capitán en las Indias; es muy sabio y muy valiente, muy liberal y muy afable y el que primero se pone a trabajos; y si algún pleito malo tenía, él lo ha hecho bueno por justificar tanto su causa; y si del ave que él ha cazado no le quieren dar una pierna, bien es que la defienda toda, y veréis cómo cuando no nos catemos, ha de dar sobre nosotros, de manera que no nos demos a manos para defendernos, cuanto más para ofenderle, y esto será así por lo que barrunto de los amigos que en este real tiene y porque siempre he visto, que el soberbio cae a los pies del humilde y reportado. Otros hablaban otras cosas, poniendo en duda los negocios; otros, sin hablar, mirándose, se entendían; otros por corrillos hablaban de secreto, y los que tenían gana de vencer a Cortés y gozar de lo que él había trabajado a voces decían a Narváez: «Señor, salgamos al campo y pongámonos en orden, que para tan pocos, o contra muchos mejor estaremos allí que no metidos en casas, donde no seremos señores de nuestros caballos».

Toda esta confusión y variedad de pareceres había en el real de Narváez, y lo más de lo que pasaba sabía Cortés y ayudábales mucho para lo que luego hizo. Narváez a la boca del patio de sus aposentos mandó poner los tiros gruesos para defender la entrada si acaso Cortés viniese de repente; envió sus espías dobles, ordenó su gente, la que de pie era menester, en sus aposentos; la de a caballo puso, como después diremos, en otras partes; y así, aunque con sus velas, comenzaron a reposar la noche, y en el entretanto, que todas estas cosas pasaban, hacía Cortés lo que diré.


Capítulo LXXVII. Cómo Cortés partió de Tapaniquita y pasó un río, y del peligro que en él hubo y cómo de la otra parte oían las escopetas y tiros del real de Narváez

Muy en orden iba marchando Cortés, cuando llegó a un río que dicen de Canoas, el cual, como iba crecido y no se sabía el vado, dio bien que hacer a los de Cortés, porque unos buscando el vado, otros haciendo balsas, se ahogaron dos españoles, de que no poco pesar recibió Cortés por la falta de que, siendo tan pocos, le podían hacer; pero como era muy cuerdo y cristiano, conformándose con la voluntad de Dios, mandó que ninguno entrase en el río sin que él estuviese presente, y así, después que se hubieron hecho algunas balsas y sobre ellas anduvieron algunos mirando el río, y otros con palos largos entraban por diversas partes de la orilla, tentando hasta bien abajo donde el río se tendía mucho y no podía ir recogido, hallaron un muy buen vado, aunque no tan bajo que no les llegase en muchas partes el agua a más de los pechos. de esta manera, los unos en balsas, y los otros por el vado, pasaron el río, y estando pasando el río, que casi la mitad de la gente estaba de la otra parte, vieron venir por unos medanos de arena dos hombres. Creyeron ser espías de Narváez. Canela, el tambor, tocó al arma, y así, en son de guerra, salieron a ellos algunos, y acercándoseles conocieron que eran Juan Velázquez de León y Antón del Río, los mensajeros que Cortés había enviado a Cempoala, los cuales, ya que Cortés con la demás gente estaba de la otra parte, le dieron la repuesta de Narváez, diciendo que por ninguna vía quería conciertos; que le tenía en poco y hacía burla de él, viéndose pujante, aunque en el real le hacían saber había muchos, y de los principales, que le eran aficionados; díjole otras cosas aparte, en secreto.

A aquello y a lo demás, en público, dijo Cortés: «Ahora, pues Narváez no quiere ningún medio, o morirá el asno o quien le aguija; que bien es primero perder la vida que la honra y la hacienda, habiendo lo uno y lo otro ganado con tanto sudor y trabajo». Con esto, haciendo alto de la otra parte del río, oyeron los tiros y escopetas del campo de Narváez.


Capítulo LXXVIII. Cómo, diciendo a Narváez que Cortés venía ya dos leguas de Cempoala, le salió al encuentro una legua de camino, y como no le topó se tornó a sus aposentos

Como los indios de su natural condición son noveleros y siempre en lo que dicen añaden o quitan de la verdad, y aquella tierra estaba muy poblada de ellos, no se meneaba Cortés que Narváez no lo supiese, ni Narváez sin que Cortés lo entendiese, el cual, como había hecho alto en el río, que estaba tres leguas de Cempoala, los indios espías de Narváez, a gran prisa, le dijeron cómo Cortés estaba ya una legua y menos del pueblo. Narváez, creyendo ser así, y por hacer lo que muchos de sus amigos le habían aconsejado, determinó de salir a buscar a su enemigo. Dicen algunos, entre los cuales Motolinía, que delante de Juan Velázquez de León y Antón del Río, mensajeros de Cortés, hizo alarde de la gente, para que llevando la nueva de lo que habían visto, atemorizasen a Cortés; y que después de hecho el alarde, poco antes que mandase hacer señal de partir, volviéndose a Juan Velázquez, le dijo: «Señor Juan Velázquez: Muchas veces os he dicho que por ser deudo de Diego Velázquez, y por vuestra persona, deseo que sigáis lo más seguro; ved, pues, ahora cómo os podréis defender, siendo tan pocos, de nosotros que somos tantos». Juan Velázquez le respondió: «Señor: No puedo ya perder más que la vida, y no dando vuestra Merced algún concierto, no puedo dejar a Cortés. Dé Dios la victoria al que tiene justicia, pues Dios es sobre todo».


(Continues…)Excerpted from Crónica de la Nueva España II by Francisco Cervantes de Salazar. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
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